El dictamen en cuestión, aprobado el 5 de febrero del 2005 sin que faltasen reparos dentro del mismo Departamento de Justicia, habría servido en la práctica como explicita autorización para aplicar una combinación de dolorosas tácticas físicas y psicológicas. Entre las que figuran golpes en la cabeza, simulados ahogamientos en agua y sometimiento a temperaturas bajo cero. Irónicamente, la Administración Bush había declarado tres meses antes como algo aborrecible el uso de torturas en su lucha contra el terrorismo.
Gonzáles, cuya dimisión efectiva a mediados de septiembre no ha servido para acallar los reproches de haber politizado el Departamento de Justicia y las sospechas de haber cometido perjurio ante el Congreso, decidió aprobar todas estas tácticas combinadas pese a las objeciones presentadas por James Comey, vice-fiscal general. La Casa Blanca reiteró ayer que Estados Unidos no practica la tortura. Sin comentar su contenido, la portavoz presidencial Dana Perino confirmó la existencia del dictamen emitido en febrero del 2005.





















