REGIÓN
«Necesito ayuda constante»
José María Ruiz Sagasti, con una invalidez del 80%, ha solicitado acogerse a la Ley de Dependencia de la que espera, sobre todo, beneficios económicos
01.10.07 -

En la calle, José María Ruiz Sagasti se desplaza en su silla-moto. / JUSTO RODRÍGUEZ
José María Ruiz Sagasti lleva 40 años viviendo con la enfermedad del Parkinson. Al principio reconoce que lo pasó «fatal»: «La gente creía que iba borracho por la calle, pero después siempre me lo he tomado a cachondeo y no dejo que esta situación me amargue».
Su actitud es más que loable. Con una declaración de 'gran invalidez' (su grado de minusvalía es del 80%) necesita la «ayuda constante» de otras personas. En casa ese esfuerzo recae en su mujer, pero en la calle, donde normalmente se desplaza en una silla-moto, son personas anónimas las «que más de una vez me han tenido que ayudar cuando me he caído del tacataca al ponerme a andar». «Siempre tengo que llevar a alguien a mi lado», resume.
Hace aproximadamente un mes, la asistente social le preparó toda la documentación para poder acogerse a los beneficios de la nueva Ley de Dependencia y la presentó ante la Seguridad Social. Ahora está a la espera de que la administración se ponga en contacto con él.
Un nuevo marco legal que Ruiz Sagasti cree que «puede funcionar, pero depende de cómo lo apliquen». En su caso personal, considera que el principal beneficio de la nueva Ley «puede ser el económico», ya que el matrimonio vive con una pensión de 900 euros «y ya destinamos 480 euros al alquiler del piso al que nos tuvimos que mudar, porque el anterior no estaba acondicionado y tenía barreras arquitectónicas». Pero este riojano también considera necesarias más cosas. Por ejemplo, propone «la creación de más centros de día» no sólo porque son un desahogo para los familiares sino también para los propios dependientes, «que van allí y están entretenidos».
Su actitud es más que loable. Con una declaración de 'gran invalidez' (su grado de minusvalía es del 80%) necesita la «ayuda constante» de otras personas. En casa ese esfuerzo recae en su mujer, pero en la calle, donde normalmente se desplaza en una silla-moto, son personas anónimas las «que más de una vez me han tenido que ayudar cuando me he caído del tacataca al ponerme a andar». «Siempre tengo que llevar a alguien a mi lado», resume.
Hace aproximadamente un mes, la asistente social le preparó toda la documentación para poder acogerse a los beneficios de la nueva Ley de Dependencia y la presentó ante la Seguridad Social. Ahora está a la espera de que la administración se ponga en contacto con él.
Un nuevo marco legal que Ruiz Sagasti cree que «puede funcionar, pero depende de cómo lo apliquen». En su caso personal, considera que el principal beneficio de la nueva Ley «puede ser el económico», ya que el matrimonio vive con una pensión de 900 euros «y ya destinamos 480 euros al alquiler del piso al que nos tuvimos que mudar, porque el anterior no estaba acondicionado y tenía barreras arquitectónicas». Pero este riojano también considera necesarias más cosas. Por ejemplo, propone «la creación de más centros de día» no sólo porque son un desahogo para los familiares sino también para los propios dependientes, «que van allí y están entretenidos».











