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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Sociedad

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Clérigo, afrancesado y liberal
El rinconero Llorente llegó a ser comisario del Santo Oficio y censor literario, pero sus ideas avanzadas le llevaron a apoyar el golpe de Riego contra Fernando VII
23.09.07 -
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Clérigo, afrancesado y liberal
La obra culmen de Llorente es la
Historia crítica de la Inquisición española
, que conocía tras años como comisario del Santo Oficio.
Juan Antonio Llorente, escritor, erudito, eclesiástico y uno de los principales historiadores de la Inquisición del siglo XIX, nace en la localidad riojana de Rincón de Soto el 30 de marzo de 1756. Ordenado sacerdote en 1779, se doctora en Derecho Canónico y traslada su residencia a Calahorra, a la sombra del Obispado de la Ciudad de los Mártires. En 1785 es elegido albacea testamentario de la duquesa de Sotomayor, vicecamarera de la reina, por lo que establece su residencia en Ma-drid. Merced a su protectora, es nombrado comisario del Santo Oficio y secretario supernumerario de la Inquisición.

Sin abandonar la Corte, donde ejerce como censor literario, accede al cargo de canónigo de Calahorra, villa a la que finalmente regresa en 1791. Cuando el inquisidor general le encarga redactar un informe sobre los procesamientos del Santo Oficio, a Llorente, como buen ilustrado, no le duelen prendas a la hora de criticar los métodos del tribunal. Sin embargo, la inopinada dimisión del inquisidor le obliga a abandonar el proyecto, no sin antes enviar el manuscrito al ilustrado Jovellanos, quien lo utiliza como fuente para redactar su
Representación al Rey sobre el tribunal de la Inquisición
, que le cuesta la cárcel. El riojano es acusado de traicionar al Santo Oficio y condenado a retiro forzoso y pérdida de sus títulos de comisario y secretario de la Inquisición de Corte.

Respaldo a José I

Durante las abdicaciones de Ba-yona, Llorente propone a Napoleón un
Reglamento para la Iglesia Española,
donde reclama una organización del clero de acuerdo a la división administrativa española, así como la supresión de las órdenes monacales. Como miembro de la Junta Nacional que reconoce a José I, accede al puesto de consejero de Estado para Asuntos Eclesiásticos.

Pero la derrota napoleónica le obliga a escapar a Francia en 1813 y no regresará a España hasta el pronunciamiento de Riego, en 1820. Sus alegaciones al Gobierno del Trienio Liberal desembocan en la expulsión del nuncio apostólico del Papa y en la aprobación, por parte de las Cortes, del proyecto de reforma del clero español.

La muerte le sorprende a Juan Antonio Llorente el 7 de febrero de 1823, precisamente dos meses antes de que Francia intervenga en España, en auxilio del Fernando VII, para restablecer el absolutismo, en cumplimiento de los pactos de la Santa Alianza. El ejército galo, bajo el nombre de los Cien Mil Hijos de San Luis y liderado por el duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X de Francia, corta de raíz la experiencia liberal y entierra todos los proyectos impulsados por el erudito rinconero.
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