
MARCADO POR EL EXILIO
Sin abandonar la Corte, donde ejerce como censor literario, accede al cargo de canónigo de Calahorra, villa a la que finalmente regresa en 1791. Cuando el inquisidor general le encarga redactar un informe sobre los procesamientos del Santo Oficio, a Llorente, como buen ilustrado, no le duelen prendas a la hora de criticar los métodos del tribunal. Sin embargo, la inopinada dimisión del inquisidor le obliga a abandonar el proyecto, no sin antes enviar el manuscrito al ilustrado Jovellanos, quien lo utiliza como fuente para redactar su
Respaldo a José I
Durante las abdicaciones de Ba-yona, Llorente propone a Napoleón un
Pero la derrota napoleónica le obliga a escapar a Francia en 1813 y no regresará a España hasta el pronunciamiento de Riego, en 1820. Sus alegaciones al Gobierno del Trienio Liberal desembocan en la expulsión del nuncio apostólico del Papa y en la aprobación, por parte de las Cortes, del proyecto de reforma del clero español.
La muerte le sorprende a Juan Antonio Llorente el 7 de febrero de 1823, precisamente dos meses antes de que Francia intervenga en España, en auxilio del Fernando VII, para restablecer el absolutismo, en cumplimiento de los pactos de la Santa Alianza. El ejército galo, bajo el nombre de los Cien Mil Hijos de San Luis y liderado por el duque de Angulema, hijo del futuro Carlos X de Francia, corta de raíz la experiencia liberal y entierra todos los proyectos impulsados por el erudito rinconero.





