MUNDO
Bush presenta por primera vez un plan para una retirada limitada de Irak
A pesar de su cambio de postura, el presidente estadounidense reitera que el envío de más soldados logró mejorar la seguridad
14.09.07 -
En su octavo discurso en 'prime time' sobre Irak -la impopular guerra que ha terminado por monopolizar toda su presidencia-, George W. Bush ofreció anoche por primera vez un plan para una retirada militar condicional y limitada. Todo un radical punto de partida con respecto a su reiterado rechazo a todas las presiones propuestas para poner plazos a un conflicto donde según la Casa Blanca se encuentra en juego la seguridad nacional de Estados Unidos y la estabilidad de Oriente Próximo.
Durante su alocución de veinte minutos desde el Despacho Oval, el presidente reiteró los avances logrados en materia de seguridad gracias a los 30.000 soldados de refuerzo enviados el pasado enero. Al mismo tiempo, asumió los planes esbozados esta semana por el general David Petraeus en su informe ante el Congreso, lo que implica reducir hasta 130.000 el número de efectivos para el próximo mes de julio, el mismo contingente desplegado antes de la escalada militar ordenada tras la salida de Donald Rumsfeld de la Secretaría de Defensa.
Para los demócratas, no hay mucho que celebrar en estos planes de una retirada limitada y condicional. Por eso, la nueva mayoría en el Congreso de Estados Unidos se encuentra perfilando una serie de proyectos legislativos con el objetivo de modular la futura presencia del Pentágono en Irak.
Entrenamiento
Entre estas propuestas se encuentra la iniciativa de obligar a que las tropas que se queden en el país árabe se dediquen sobre a todo a misiones de entrenamiento y contraterrorismo con el fin de hacer posible una retirada más sustancial. Otra de las propuestas aspira a garantizar mayores periodos de descanso a las tropas entre destinos de combate, lo que en la práctica supondría una limitación del número de militares disponibles para ser destinados a Irak.
Con todo, para que cualquiera de estas medidas prosperen se requiere en primera instancia de una mayoría bipartidista de sesenta escaños en el Senado, cifra que marca el listón necesario para superar previsibles maniobras parlamentarias de bloqueo. Este balance de fuerzas coloca en una posición decisiva al grupo de republicanos más moderados con representación en la Cámara alta.
Inevitablemente, toda esta polémica se ha filtrado a la campaña presidencial en curso con los aspirantes demócratas insistiendo en sustanciales retiradas de Irak y los candidatos republicanos secundando la posición de perseverancia de la Casa Blanca, con el senador John McCain a la cabeza. Desde su autobús electoral bautizado 'No rendición', el veterano de la guerra de Vietnam argumenta a favor de dar una oportunidad «a una nueva estrategia y un nuevo general que están funcionando».
En contraste, el demócrata Barack Obama insiste en que «no hay solución militar para Irak y nunca la ha habido», defendiendo una retirada completa e inmediata de las tropas. Mientras que Hillary Clinton exige a George Bush «honestidad y candor» y no otro nuevo montaje de «misión cumplida», en referencia a la ya famosa pancarta colgada sobre la cubierta del portaaviones 'USS Abraham Lincoln' desde donde el presidente escenificó en mayo del 2003 el inicial triunfo de la invasión de Irak.
Durante su alocución de veinte minutos desde el Despacho Oval, el presidente reiteró los avances logrados en materia de seguridad gracias a los 30.000 soldados de refuerzo enviados el pasado enero. Al mismo tiempo, asumió los planes esbozados esta semana por el general David Petraeus en su informe ante el Congreso, lo que implica reducir hasta 130.000 el número de efectivos para el próximo mes de julio, el mismo contingente desplegado antes de la escalada militar ordenada tras la salida de Donald Rumsfeld de la Secretaría de Defensa.
Para los demócratas, no hay mucho que celebrar en estos planes de una retirada limitada y condicional. Por eso, la nueva mayoría en el Congreso de Estados Unidos se encuentra perfilando una serie de proyectos legislativos con el objetivo de modular la futura presencia del Pentágono en Irak.
Entrenamiento
Entre estas propuestas se encuentra la iniciativa de obligar a que las tropas que se queden en el país árabe se dediquen sobre a todo a misiones de entrenamiento y contraterrorismo con el fin de hacer posible una retirada más sustancial. Otra de las propuestas aspira a garantizar mayores periodos de descanso a las tropas entre destinos de combate, lo que en la práctica supondría una limitación del número de militares disponibles para ser destinados a Irak.
Con todo, para que cualquiera de estas medidas prosperen se requiere en primera instancia de una mayoría bipartidista de sesenta escaños en el Senado, cifra que marca el listón necesario para superar previsibles maniobras parlamentarias de bloqueo. Este balance de fuerzas coloca en una posición decisiva al grupo de republicanos más moderados con representación en la Cámara alta.
Inevitablemente, toda esta polémica se ha filtrado a la campaña presidencial en curso con los aspirantes demócratas insistiendo en sustanciales retiradas de Irak y los candidatos republicanos secundando la posición de perseverancia de la Casa Blanca, con el senador John McCain a la cabeza. Desde su autobús electoral bautizado 'No rendición', el veterano de la guerra de Vietnam argumenta a favor de dar una oportunidad «a una nueva estrategia y un nuevo general que están funcionando».
En contraste, el demócrata Barack Obama insiste en que «no hay solución militar para Irak y nunca la ha habido», defendiendo una retirada completa e inmediata de las tropas. Mientras que Hillary Clinton exige a George Bush «honestidad y candor» y no otro nuevo montaje de «misión cumplida», en referencia a la ya famosa pancarta colgada sobre la cubierta del portaaviones 'USS Abraham Lincoln' desde donde el presidente escenificó en mayo del 2003 el inicial triunfo de la invasión de Irak.











