«Vaya si me acuerdo. Perfectamente -apunta Titín sobre su debut-. Estaba como un flan. Más blanco que la cal. Recuerdo que casi me degüello afeitándome. Ha sido el día más importante de mi vida deportiva. Además, había un ambiente fantástico... La pena fue que los nervios no me dejaron jugar bien». Desde aquel día hasta la fecha han sido cerca de 1.300 partidos los que ha disputado. Y dejando en todos ellos la huella de ser un pelotari de excepción. Han existido pelotaris que han destacado por alguna virtud: que si fue un gran sacador, que si hacía rebotes, que si era un gran restador, que si era un gran voleísta, que si defendía el tanto hasta la extenuación, que sus ganchos, que sus dejadas, que su deportividad, que su compañerismo... Pues si un alquimista hubiera podido introducir todas esas virtudes en una redoma, tras mezclar cuidadosamente y pronunciar los adecuados conjuros, se hubiera obtenido una exacta composición de un Titín.
Desde aquel día de Baños ha ido jalonando el caracolero triunfos memorables, ha sido incluido como figura estelar en carteles de lujo, se le ha situado en torneos emparejado siempre con zagueros que, al menos teóricamente, eran inferiores a los de sus rivales y nunca rehusó las propuestas de sus empresarios para jugar en situaciones extremas, tanto en canchas y ambientes de escaso fuste como en fechas encadenadas, sin apenas tiempo de reponerse del partido jugado antes.
«Cuando debuté -recuerda Titín- había firmado un acuerdo por dos o tres años... Mi única intención era hacerlo bien, sin plantearme más cosas». La trayectoria de Augusto como deportista puede servir de modelo, pues ahí están los resultados de su enorme vitalidad, manteniendo a los 38 años una intensa actividad sin que se note el desgaste físico, pese a las horas de gimnasio y de carretera.










