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LA TRIBUNA DE LA RIOJA
La tauromaquia no es un arte
12.09.07 -
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La tauromaquia no es un arte
Se acerca San Mateo en Logroño y de nuevo las fiestas patronales, lejos de constituir un festejo popular que celebre la idea y sentimiento de comunidad en la promoción de actividades de interés general y de encuentro de los ciudadanos, parecen inundarse de carteles que anuncian lo que para muchos supone una de las mayores vergüenzas nacionales: las corridas de toros. Esta alegoría de la tortura, de la crueldad y de la apropiación indebida de la vida de otros seres parece ser protagonista en muchas de las fiestas de nuestro Estado. Sin embargo, si esto es así, no es porque las corridas de toros gocen de gran popularidad, y de hecho tan sólo causan interés en una estrecha minoría de la población. No parece oportuno que, en tiempos en los que aún no gozamos apenas de un ocio sano y creativo de iniciativa y financiación pública, los Ayuntamiento subvencionen, con altas cantidades de presupuesto público, estos eventos, que de no contar con este proteccionismo absurdo, se hundirían por baja rentabilidad. Estamos hablando de una actividad que hiere la sensibilidad de la mayor parte de la población mundial, que no sobreviviría por sí sola en las leyes del libre mercado y que de ninguna manera merece la subvención pública ya que no se trata de un servicio necesario, ni útil, ni ampliamente querido ni promotor de valores adecuados para la consecución de una sociedad democrática.

En esta ocasión no me interesa extenderme en argumentos difícilmente discutibles como pueda ser la condena de la crueldad, sino centrarme en el único argumento que una y otra vez presentan los taurinos y que constituye el único pilar de su defensa. Dicen que la tauromaquia es una arte y dicen que es el arte propiamente español.

En primer lugar voy a la incongruencia más evidente. Aunque no soy muy amiga de orgullos patrios, creo que es necesario recordar que las corridas de toros no constituyen un hecho diferencial español, sino que habiendo existido en casi toda Europa, se fueron suprimiendo progresivamente en distintos territorios según avanzaban los procesos civilizatorios.

En segundo lugar, afirmar que la tauromaquia es un arte es desconocer por completo el concepto de arte, así como todo tipo de disciplinas que giran en torno a él (la Estética, la Historia del Arte, etc). Para hablar de arte o adjetivar una obra como artística, es indispensable reconocer su originalidad y su irrepetibilidad (al margen de que pueda ser reproducida técnicamente). El arte se define por su capacidad de crear conceptos, es decir, de «hacer visible lo invisible», o más fácil aún: de sacar a la luz parcelas de la realidad que permanecían ocultas o recubiertas o que se escapaban a nuestros códigos simbólicos. Las corridas de toros no son un arte sino una repetición constante en la que se reedita una y otra vez un sadismo neurótico. No crean ningún concepto: en todo caso, material casposo para la prensa rosa. Su esencia no tiene nada que ver con el arte, sino en todo caso, con el ritual, ligado a las religiones primarias o a la magia. Frente a esto, reivindico una sociedad racional y laica, y un Estado que la haga posible, o que al menos no la impida.
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