DEPORTES
En manos de Sastre
El español advierte de que no da por perdida la ronda
12.09.07 -
Sin la contrarreloj de Zaragoza, Carlos Sastre sería el segundo de la Vuelta, a sólo 17 segundos de Menchov. Segundo. Es su lugar de siempre. Al borde del podio, de la victoria. Ciclista de plata. Desde el principio. Y desde entonces, no se resigna. Tampoco en esta Vuelta: «La clasificación actual no es irreversible. Queda terreno para hacer daño».
Creció en El Barraco. Extremo: nieve y horno. Si allí sale un ciclista, tiene que ser bueno. Como Arroyo o el 'Chaba' Jiménez. O Sastre. El melancólico. El segundo. Así comenzó. A la sombra de Mancebo en el Banesto amateur. Incluso en casa, el brillo era para su cuñado, el 'Chaba'. Sastre permanecía al fondo. De intérprete secundario. Por eso dejó el Banesto, el destino natural de la cuadrilla de El Barraco. Creía en su condición de 'primero'. Y la buscó con Manolo Saiz en el Once. Tampoco. Otra vez le colocaron un techo demasiado bajo. En la Vuelta que Beloki se dejó en Envalira, le obligaron a esperarle. Lo hizo. Carcomido pero leal. Un día después, acabó segundo tras el 'Chaba' en Andorra. Explotó. Basta ya. Cruzó la frontera. Saltó al CSC danés, su familia actual.
Y ahí sigue. Con galones ya. En el Tour terminó cuarto y en la Vuelta ocupa esa plaza tras Menchov, Efimkin y Evans. En realidad, es segundo en las apuestas para el podio de Madrid. «La contrarreloj marcó la carrera. Fue la etapa en la que más he sufrido. Pero también ha habido tres días de montaña y Menchov ha demostrado ser un líder sólido», resume. No sabe de excusas. Su denuncia de un complot urdido entre Piepoli y Menchov contra él en Arcalís nada tiene que ver con la búsqueda de argumentos para la derrota.
Él lo explica: «Sigo pensando lo mismo. Sentí una gran decepción, porque hay maneras de hacer las cosas y lo que hizo Piepoli no me pareció lo más elegante. Pero bueno, anoche hablamos las personas que teníamos que hablar, expusimos nuestros puntos de vista y entre nosotros no ha habido antes ningún problema, no lo ha habido ahora y no lo va a haber después de lo de Arcalís. No le falté el respeto a nadie. Las alianzas forman parte de la carrera». Aún le escuece el pacto entre el italiano del Saunier y el ruso del Rabobank. Luchará contra eso. «No he perdido la motivación. Seguiré atacando hasta Madrid».
Ayer, en la primera jornada de descanso, la Vuelta se fijaba precisamente en él. En Sastre. En el cuarto de la general. De su empeño pende buena parte de la emoción de esta carrera. Siempre a la contra. Incluso del recorrido: «En las grandes vueltas, llega un grupito muy selecto al último puerto, y aquí llega un pelotón de 80 ó 90 corredores. No hay suficiente dureza». La reclama. La precisa para divertirse. Para divertir. Pero tendrá que inventarla. Hasta el domingo, en Granada, no se topará con el cobijo de un puerto de primera. Una semana plana. Luego, ya al final, le esperan Ávila y Abantos. Escasa tarima para su objetivo: ganar por fin.
En su palmarés sólo levantan el índice las victorias en una etapa del Tour, otra en la Vuelta a Burgos y la Klasika de Primavera. El resto son buenos puestos. Muchos. Pares: segundo, cuarto... Le falta el que ahora con tres minutos de ventaja ocupa Menchov. Sastre siempre presente, pero siempre con alguien por delante. Quedan diez etapas para reescribirla. «Yo le aconsejo a la gente que siga atenta a la pantalla de la televisión», avisa.
Creció en El Barraco. Extremo: nieve y horno. Si allí sale un ciclista, tiene que ser bueno. Como Arroyo o el 'Chaba' Jiménez. O Sastre. El melancólico. El segundo. Así comenzó. A la sombra de Mancebo en el Banesto amateur. Incluso en casa, el brillo era para su cuñado, el 'Chaba'. Sastre permanecía al fondo. De intérprete secundario. Por eso dejó el Banesto, el destino natural de la cuadrilla de El Barraco. Creía en su condición de 'primero'. Y la buscó con Manolo Saiz en el Once. Tampoco. Otra vez le colocaron un techo demasiado bajo. En la Vuelta que Beloki se dejó en Envalira, le obligaron a esperarle. Lo hizo. Carcomido pero leal. Un día después, acabó segundo tras el 'Chaba' en Andorra. Explotó. Basta ya. Cruzó la frontera. Saltó al CSC danés, su familia actual.
Y ahí sigue. Con galones ya. En el Tour terminó cuarto y en la Vuelta ocupa esa plaza tras Menchov, Efimkin y Evans. En realidad, es segundo en las apuestas para el podio de Madrid. «La contrarreloj marcó la carrera. Fue la etapa en la que más he sufrido. Pero también ha habido tres días de montaña y Menchov ha demostrado ser un líder sólido», resume. No sabe de excusas. Su denuncia de un complot urdido entre Piepoli y Menchov contra él en Arcalís nada tiene que ver con la búsqueda de argumentos para la derrota.
Él lo explica: «Sigo pensando lo mismo. Sentí una gran decepción, porque hay maneras de hacer las cosas y lo que hizo Piepoli no me pareció lo más elegante. Pero bueno, anoche hablamos las personas que teníamos que hablar, expusimos nuestros puntos de vista y entre nosotros no ha habido antes ningún problema, no lo ha habido ahora y no lo va a haber después de lo de Arcalís. No le falté el respeto a nadie. Las alianzas forman parte de la carrera». Aún le escuece el pacto entre el italiano del Saunier y el ruso del Rabobank. Luchará contra eso. «No he perdido la motivación. Seguiré atacando hasta Madrid».
Ayer, en la primera jornada de descanso, la Vuelta se fijaba precisamente en él. En Sastre. En el cuarto de la general. De su empeño pende buena parte de la emoción de esta carrera. Siempre a la contra. Incluso del recorrido: «En las grandes vueltas, llega un grupito muy selecto al último puerto, y aquí llega un pelotón de 80 ó 90 corredores. No hay suficiente dureza». La reclama. La precisa para divertirse. Para divertir. Pero tendrá que inventarla. Hasta el domingo, en Granada, no se topará con el cobijo de un puerto de primera. Una semana plana. Luego, ya al final, le esperan Ávila y Abantos. Escasa tarima para su objetivo: ganar por fin.
En su palmarés sólo levantan el índice las victorias en una etapa del Tour, otra en la Vuelta a Burgos y la Klasika de Primavera. El resto son buenos puestos. Muchos. Pares: segundo, cuarto... Le falta el que ahora con tres minutos de ventaja ocupa Menchov. Sastre siempre presente, pero siempre con alguien por delante. Quedan diez etapas para reescribirla. «Yo le aconsejo a la gente que siga atenta a la pantalla de la televisión», avisa.





