
CON NOCTURNIDAD
La presencia de jabalíes no es algo extraño en los campos de golf y, de hecho, en el de La Grajera no es la primera vez que dejan constancia de sus intromisiones. Sin embargo, desde hace un mes lo hacen con mayor insistencia y, de dos semanas a esta parte, regresan cada noche al terreno de juego. Y es que, estos mamíferos paquidermos suelen volver por inercia allí donde ven garantizado su sustento.
Batida en blanco
Al campo de La Grajera entran por el vallado que cerca el hoyo 6. Allí su rastro es más evidente, aunque también han removido la tierra en otras zonas del campo de golf. Los responsables de la instalación reconocen que es una cuestión de mala suerte; «es como si coges una gripe, ya se curará de una manera u otra». Ellos, por lo pronto, tratan de reponer el césped dañado y de evitar el paso de los jabalíes con el cierre de la valla abierta por los animales.
También han comunicado esta situación al Ayuntamiento logroñés, dueño del campo de golf, y han solicitado el asesoramiento de los técnicos de Medio Natural de la Comunidad Autónoma de La Rioja, administración competente en estas cuestiones. Sus oteadores, con la colaboración de la Federación de Caza, realizaron hace diez días una batida en blanco, es decir, con perros y ojeadores pero sin tiros, para inspeccionar el terreno.
Dedujeron que los intrusos son un jabalí grande, una hembra y varios jabatos. Entran por el vallado del hoyo 6, próximo a unas viñas del la Comunidad Autónoma de La Rioja y a un cerro que enfila hacia Navarrete, de donde parece que proceden los animales.
Los responsables del campo se plantearon, como solución, una espera nocturna para abatir o, al menos, disuadir a los jabalíes de regresar al campo de golf. Sin embargo, finalmente desistieron de esta práctica, de la que llegaron a obtener el permiso de la Comunidad Autónoma, ligado a la condición de responsabilizarse y garantizar la seguridad de esa actuación.
Mientras, los golfistas que a menudo acuden a jugar a La Grajera continúan con su afición, a la vez que contemplan con curiosidad y resignación las fechorías de la familia de cerdos salvajes que remueve este impecable campo de juego.













