El reportaje titulado '¿Cuánto tributo es suficiente?' reflejaba en voz alta el dilema de una ciudad cansada de regocijarse en un drama que ha sido manipulado políticamente para justificar guerras, torturas y abusos de derechos civiles, pero que precisamente por ser bandera patria del país se mantiene en el candelero.
Por supuesto, para las 2.749 familias que ese día perdieron a un ser querido en el World Trade Center nunca habrá suficiente duelo. «Este es un país libre, el que no quiera homenajear que no lo haga», ataja Peter Brown, un bombero que rinde tributo a sus compañeros trabajando como voluntario en el Centro de Visitantes de la Zona Cero. Allí se parapetan los que no quieren olvidar, decididos a revolver la memoria cuanto sea necesario para mantener vivo el horror de aquel día, como si con ello pudieran devolver la vida a los que perdieron.
Lee Ielpi, que pasó nueve meses en la Zona Cero buscando los restos de su hijo, admite que hay un peaje emocional en revivir la tragedia a diario, pero le compensa. «Así hablo de mi hijo y de sus 19 compañeros. Nosotros somos sus voces. Gracias a eso gente como tú llega a conocerlos y no se olvida de ellos».
A él le sirve de terapia, y a la masa, de morboso entretenimiento. Desde el pasado 17 de septiembre, más de 300.000 personas han desfilado por la galería construida en Liberty Street, a un costado del gigantesco agujero en obras. La cifra lo coloca entre las diez principales atracciones de Nueva York, en competición directa con monstruos turísticos como el Metropolitan Museum, la Estatua de la Libertad o el Empire State. Y eso sin contar los cientos de miles que se limitan a pasear por el contorno del solar, sin darse cuenta siquiera de que existe este museo.
Alimentar la memoria
Ielpi los veía desde dentro mientras trabajaba en el desescombro. Cuando supo que el museo que se construirá sobre la planta de las Torres Gemelas tardará aún muchos años, organizó a las familias para este tributo que alimenta la memoria y ubica al visitante.
«Ni siquiera sabían si estaban en el sitio correcto, dónde estaban las torres o cuál se cayó primero», cuenta. De todo eso y más se encargan las cinco salas que hacen un viaje por los atentados más famosos de la historia.
Desde el muro, cientos de carteles de 'Missing' que un día empapelaron la ciudad muestran las caras sonrientes de los que nunca salieron con vida. Para 1.145 familias que no han recibido ni un solo hueso, el breve paseo que darán hoy al centro del solar será su única oportunidad de acercarse a ellos. Y mientras tanto, varios experertos en terrorismo internacional advierten del riesgo de nuevos ataques como ése o de mayor magnitud.





















