CON PERMISO
Vacas flacas
04.09.07 -
Este viernes los más pequeñajos volverán a las aulas. Se acabaron las vacaciones. Finito. Los días de asueto sin prisas, viviendo en familia (un lujazo), se han pasado volando. Un suspiro.
El inicio del curso escolar, será, como todos los años, un arranque a medio gas. Por un lado, porque el primer día de clase cae en viernes, una jornada que da para poco. Salvo para conocer a los nuevos profesores, saber cuáles van a ser el pupitre y el casillero, recoger los libros de texto (ánimo papás, qué fin de semana nos espera dale que te pego al forro) y cotorrear con la pandilla las peripecias del verano.
Y, por otra parte, porque San Mateo les regalará a nuestros infantes una semana completa de vacaciones por la cara. Y algunos huirán de nuevo a las playas o quizás lo hagan por primera vez este verano. Que esa es otra.
Al menos un tercio de la población española no ha disfrutado de vacaciones fuera de su residencia habitual, según el CIS. Por un razón obvia: no disponían del dinero suficiente. Extrapolen ahora el dato a nuestra región.
Es cierto que la estadística no se ha diferenciado mucho de la de años anteriores, pero en esta ocasión parece que los españoles, amigos de recurrir a créditos al consumo para costearse las vacaciones (entre otras cosas), se han mostrado más previsores (así, al menos, confían en ello diversos expertos), evitando gastos que después pudieran comprometer peligrosamente la estabilidad financiera de sus hogares.
Y es que las economías domésticas no están para muchas fiestas. Las hipotecas, principal fuente de endeudamiento familiar (junto a las tarjetas de crédito), nos acogotan y lo, que es peor, no se observa que esa escalada alcista tenga freno, al menos a corto plazo.
Ójala sea así y los españoles, sensatamente, se hayan apretado el cinturón convencidos de que es mejor tener piso y tranquilidad que una o dos semanas efímeras fuera de él.
El inicio del curso escolar, será, como todos los años, un arranque a medio gas. Por un lado, porque el primer día de clase cae en viernes, una jornada que da para poco. Salvo para conocer a los nuevos profesores, saber cuáles van a ser el pupitre y el casillero, recoger los libros de texto (ánimo papás, qué fin de semana nos espera dale que te pego al forro) y cotorrear con la pandilla las peripecias del verano.
Y, por otra parte, porque San Mateo les regalará a nuestros infantes una semana completa de vacaciones por la cara. Y algunos huirán de nuevo a las playas o quizás lo hagan por primera vez este verano. Que esa es otra.
Al menos un tercio de la población española no ha disfrutado de vacaciones fuera de su residencia habitual, según el CIS. Por un razón obvia: no disponían del dinero suficiente. Extrapolen ahora el dato a nuestra región.
Es cierto que la estadística no se ha diferenciado mucho de la de años anteriores, pero en esta ocasión parece que los españoles, amigos de recurrir a créditos al consumo para costearse las vacaciones (entre otras cosas), se han mostrado más previsores (así, al menos, confían en ello diversos expertos), evitando gastos que después pudieran comprometer peligrosamente la estabilidad financiera de sus hogares.
Y es que las economías domésticas no están para muchas fiestas. Las hipotecas, principal fuente de endeudamiento familiar (junto a las tarjetas de crédito), nos acogotan y lo, que es peor, no se observa que esa escalada alcista tenga freno, al menos a corto plazo.
Ójala sea así y los españoles, sensatamente, se hayan apretado el cinturón convencidos de que es mejor tener piso y tranquilidad que una o dos semanas efímeras fuera de él.












