JOSÉ LUIS BERMEJO COLECCIONISTA Y AFICIONADO A LA FOTOGRAFÍA
«Cada día hay más romanticismo y afición por nuestras cosas antiguas»
03.09.07 -

José Luis Bermejo ante una foto de su colección. / J. HERREROS
José Luis Bermejo ha colaborado, desinteresadamente, en la decoración de las marquesinas de Logroño con fotos antiguas de la ciudad, que proceden de su colección particular. Y lo ha hecho con la intención de «hacer un poco de pedagogía social y de que la gente conozca lo más próximo, que es la ciudad de Logroño, y no quiero más», asegura.
-¿Con qué criterios seleccionó las fotografías que ahora asoman desde las marquesinas de la ciudad?
-Quería que fuesen reconocibles. Puedo poner, por ejemplo, una foto de 1890 del hangar de la estación del tren y la gente no lo reconoce. Sin embargo, si pongo Portales o El Espolón antiguo, algún detalle los hace reconocibles. Además, yo quiero que la gente haga un pequeño esfuerzo de reconocimiento.
-De hecho, en las propias paradas de autobús se escuchan comentarios sobre el contenido de algunas imágenes.
-Eso es lo bonito, que creen un poco de inquietud; que la gente busque los detalles. Cuántas fotografías hay en las que he tenido que buscar la diminuta matrícula de un coche o un tipo de vestimenta especial para ubicarlas. Pero lo que quiero es eso, que quien las contemple piense un poco.
-¿ Cuántas imágenes cedió a la empresa para esta iniciativa?
-En principio les envié unas cincuenta, pero si me lo piden les daré más. Creo que cada día hay más afición y romanticismo por nuestras cosas antiguas.
-Una vez en las marquesinas, ¿qué sensación le producen estas fotos?. ¿Cree que el soporte es el adecuado?
-Sí, me gusta, creo que es el tamaño más cómodo para que uno lo vea a una distancia de un par de metros. Y mientras estás esperando el autobús, los cinco minutitos que estás mirándolas se pasan enseguida. De lo que se trata es de eso, de que disfrute la gente. De qué me sirve a mí tenerlas en casa si no las ve nadie.
-Además, su exposición en la calle llega a mucha gente.
-Hombre, es como si en casa abres una botella de reserva y la bebes tú sólo. Es muy triste, y me pasa a mí con las fotos, necesito que las vean.
-¿Siente debilidad por alguna?
-Cada fotografía es un mundo. Por ejemplo, del Espolón tengo muchas vistas; con estatuas, sin estatuas, con ellas derruidas, con El Espartero antiguo, el moderno, En unas, El Espartero mira hacia Marqués de Vallejo, porque vienen los carlistas; en otras, su caballo tiene una pata levantada, porque es un lenguaje de guerra, Todas esas cosas hablan de nuestra historia, pero no tengo preferencia por ninguna. Eso sí, a veces he llorado viendo fotos. Por ejemplo de señoritas de principios del siglo XX, guapísimas, y piensas que ya han desaparecido y se te queda un poco mal cuerpo. Sí que estoy orgulloso de una colección que tengo de la antigua plaza de toros de Duquesa de la Victoria, que se quemó en 1914. Era toda de madera y prendió terriblemente.
-¿Algún rincón de Logroño que no figure en su colección?
-Siempre hay alguno, ten en cuenta que de los sitios más humildes de la ciudad es difícil que haya fotografías. La gente que vivía allí no creo que tuviese dinero para comprar el pan todos los días, y menos para una máquina de fotos.
-¿Sabe la gente que las fotos de las marquesinas proceden de su colección?
-Se ha ido enterando, y alguno me para por la calle para preguntármelo. Hace un tiempo se colocó la fotografía de una procesión encabezada por una niña que hoy tendrá más de setenta años, y una amiga me vino a decir que era su madre.
-¿Ha visto esta idea en otras ciudades?
-No, pero a alcaldes o alcaldesas amigos míos siempre les aconsejo que hagan un archivo fotográfico de la ciudad desde los Ayuntamientos; son documentos históricos.
-¿Con qué criterios seleccionó las fotografías que ahora asoman desde las marquesinas de la ciudad?
-Quería que fuesen reconocibles. Puedo poner, por ejemplo, una foto de 1890 del hangar de la estación del tren y la gente no lo reconoce. Sin embargo, si pongo Portales o El Espolón antiguo, algún detalle los hace reconocibles. Además, yo quiero que la gente haga un pequeño esfuerzo de reconocimiento.
-De hecho, en las propias paradas de autobús se escuchan comentarios sobre el contenido de algunas imágenes.
-Eso es lo bonito, que creen un poco de inquietud; que la gente busque los detalles. Cuántas fotografías hay en las que he tenido que buscar la diminuta matrícula de un coche o un tipo de vestimenta especial para ubicarlas. Pero lo que quiero es eso, que quien las contemple piense un poco.
-¿ Cuántas imágenes cedió a la empresa para esta iniciativa?
-En principio les envié unas cincuenta, pero si me lo piden les daré más. Creo que cada día hay más afición y romanticismo por nuestras cosas antiguas.
-Una vez en las marquesinas, ¿qué sensación le producen estas fotos?. ¿Cree que el soporte es el adecuado?
-Sí, me gusta, creo que es el tamaño más cómodo para que uno lo vea a una distancia de un par de metros. Y mientras estás esperando el autobús, los cinco minutitos que estás mirándolas se pasan enseguida. De lo que se trata es de eso, de que disfrute la gente. De qué me sirve a mí tenerlas en casa si no las ve nadie.
-Además, su exposición en la calle llega a mucha gente.
-Hombre, es como si en casa abres una botella de reserva y la bebes tú sólo. Es muy triste, y me pasa a mí con las fotos, necesito que las vean.
-¿Siente debilidad por alguna?
-Cada fotografía es un mundo. Por ejemplo, del Espolón tengo muchas vistas; con estatuas, sin estatuas, con ellas derruidas, con El Espartero antiguo, el moderno, En unas, El Espartero mira hacia Marqués de Vallejo, porque vienen los carlistas; en otras, su caballo tiene una pata levantada, porque es un lenguaje de guerra, Todas esas cosas hablan de nuestra historia, pero no tengo preferencia por ninguna. Eso sí, a veces he llorado viendo fotos. Por ejemplo de señoritas de principios del siglo XX, guapísimas, y piensas que ya han desaparecido y se te queda un poco mal cuerpo. Sí que estoy orgulloso de una colección que tengo de la antigua plaza de toros de Duquesa de la Victoria, que se quemó en 1914. Era toda de madera y prendió terriblemente.
-¿Algún rincón de Logroño que no figure en su colección?
-Siempre hay alguno, ten en cuenta que de los sitios más humildes de la ciudad es difícil que haya fotografías. La gente que vivía allí no creo que tuviese dinero para comprar el pan todos los días, y menos para una máquina de fotos.
-¿Sabe la gente que las fotos de las marquesinas proceden de su colección?
-Se ha ido enterando, y alguno me para por la calle para preguntármelo. Hace un tiempo se colocó la fotografía de una procesión encabezada por una niña que hoy tendrá más de setenta años, y una amiga me vino a decir que era su madre.
-¿Ha visto esta idea en otras ciudades?
-No, pero a alcaldes o alcaldesas amigos míos siempre les aconsejo que hagan un archivo fotográfico de la ciudad desde los Ayuntamientos; son documentos históricos.












