La iniciativa emprendida por Agricultura se desarrolla dentro del proceso de actualización del citado registro, que llevaba largo tiempo sin revisar y en el que había inscritas unas 2.500 bodegas tradicionales riojanas. Tras una primera criba el año pasado en la que se dio de baja a 1.735 calados, en su mayoría por carecer ya de funcionamiento vinícola, quedaron algo más de 700 bodegas, de las que 243 levantaban dudas en la Consejería.
Fue entonces cuando la Administración decidió llevar a cabo una inspección de estos dos centenares largos de bodegas que todavía continúa. El consejero de Agricultura, Íñigo Nagore, explica que se trata de una comprobación para verificar si cumplen con los requisitos que se requieren para figurar en el Registro y, en definitiva, para comercializar vino elaborado o almacenado en estas galerías.
Básicamente, lo que se demanda es que estas bodegas tradicionales dispongan del registro sanitario que otorga la Consejería de Salud y de la licencia de actividad. Respecto al primero, lo que se exige es que los calados cuenten con paredes saneadas, agua corriente, electricidad, sanitarios (no tienen porque ubicarse en el interior del calado) y un lugar para el depósito de residuos, condiciones que no se dan en todos los casos.
Nagore recuerda que no es necesario cumplir con estas condiciones si no se comercializa el vino «pero si venden vino -remarca- tienen que cumplir con la normativa». El consejero hace un llamamiento para que los viticultores dueños de calados «estén tranquilos» y explica que cuando se detectan casos de calados no regularizados «se les permite seguir inscritos en el Registro y en el Consejo Regulador mientras solucionan las deficiencias». Apunta además que no suele haber problemas con los agricultores, que «realizan las obras de adaptación». Agricultura suele conceder también prórrogas «para que vayan solucionando los problemas».











