
En lo que va del 2007, los cuerpos de seguridad han recibido 117 denuncias por presuntas desapariciones. El perfil del fugado, según la Policía Nacional, es el de un menor, en muchas ocasiones extranjero, con problemas de arraigo y que decide marcharse de casa, centro de acogida o piso tutelado y que aparece al cabo de entre cinco y diez días o bien en el domicilio de algunos familiares o con su pareja o amigos.
Estos casos suelen resultar los más fáciles de resolver, mientras que los de los adultos conllevan más complicaciones. «Tanto si es por voluntad propia de huir como si se trata de enfermos con demencia senil, alzheimer o enfermedades mentales su localización es más costosa», indican desde la Policía.
Este cuerpo ha estudiado desde enero 91 denuncias por desaparición, de las que 75 están totalmente esclarecidas. «De las que faltan por esclarecer, muchas se trata de ocurridas en las últimas semanas o de casos que, aunque hayamos localizado a la persona, la familia no ha retirado la denuncia», aseguran.
Mientras, la Guardia Civil ha gestionado 26 denuncias en lo que va de año, de las que sólo un par siguen abiertas. «Suele tratarse de gente muy joven y reincidente», indican desde el Instituto Armado. «Además, las desapariciones se suelen concentrar durante los fines de semana», añaden.
En La Rioja, al menos, no se ha llegado a importar una forma de desapariciones forzadas propia de bandas organizadas: el secuestro exprés. Se trata de una modalidad que sólo busca dinero. Tras retener a una persona durante horas, coacciona a la familia y, si se cumplen sus expectativas económicas, la suelta.
Equipos especializados
Tanto la Policía Nacional como la Guardia Civil cuentan con equipos especializados en estos temas. En el caso de la Policía, se trata de la Unidad de Delincuencia Especializada, centralizada en Madrid, que cuenta con un subgrupo en La Rioja. Ellos se encargan de las primeras investigaciones, de tomar testimonio y de elaborar un primer informe, que luego pasa a las patrullas.
En la Guardia Civil, las investigaciones recaen en un grupo especial, con presencia en La Rioja, que concentra las investigaciones y transmite la información a todos los agentes para que estos puedan identificar al desaparecido en el caso de encontrárselo durante su patrulla o de pedirle la documentación.
Estos agentes de la Benemérita especialistas en desapariciones también se encargan de recoger muestras de ADN de los familiares del desaparecido cuando pasan más de dos meses desde la fecha de su marcha. De esta forma, se puede investigar la aparición de restos humanos y de cadáveres y comprobar mediante un estudio científico si se trata de algún desaparecido.











