CURIOSIDADES
Curiosamente, este último seísmo de 5.1 grados tiene el mismo nivel que el más grave registrado en la comunidad, el de 1929 de Turruncún. De aquel temblor en lo más profundo de La Rioja Baja, todavía hay testigos vivos.
«Los efectos se notaron en muchas localidades. En Muro de Aguas, se hundieron las chimeneas y de la fuente manaba agua muy turbia», relata Encarnación Pérez, que, aunque entonces apenas tenía 13 años, recuerda bien el suceso. «El movimiento fue fuerte, así que se formaron unas cuantas grietas», continúa explicando esta mujer de 91 años, que desconoce, eso sí, si hubo heridos.
Para comprobarlo, basta acudir a las hemerotecas. En el periódico del 19 de febrero (el terremoto se registró, según los boletines del Instituto Geográfico Nacional, la tarde anterior a las 18.59 horas), se deduce que el parte de bajas fue escueto: Pilar Marín Pérez, lesión de cadera, y Saturnina Ramos, herida leve en la muñeca derecha.
Desde entonces, nada parecido ha ocurrido en La Rioja. El siguiente terremoto más significativo se registró en Aguilar del Río Alhama (4.6 grados en la escala de Richter) el 3 de septiembre de 1961.¿Quiere esto decir que la región está libre de preocupaciones? Los expertos evitan dar una respuesta tajante, ya que la sismografía no es una ciencia exacta. Aunque un terremoto de magnitud 5 es posible en toda la Península, no hay motivos para inquietarse.
Una región estable
El responsable de guardia de la Red Sísmica Española, Juan Manuel Alcalde, asegura que «La Rioja es una comunidad bastante estable. Por su ubicación geográfica, tiene un riesgo improbable de sufrir un terremoto destructivo». De hecho, «no está contemplada en el mapa español de peligrosidad sísmica», en el que, además de Andalucía, Murcia o Cataluña, aparecen provincias vecinas como Álava.
En la Península Ibérica, cada año, se registran unos 2.500 movimientos telúricos, casi todos muy leves; y no hay semana en que no se produzca un temblor.











