REGIÓN
Ocón de La Mancha
Más de 4.500 personas participaron ayer en la III Fiesta de la Molienda, que incluyó una demostración de siega y de una trilladora del año 1923
13.08.07 -

La trilladora de 1923 fue el utensilio que más interés despertó entre los visitantes. / JUSTO RODRÍGUEZ
No sólo Cervantes se dio cuenta del juego que podían dar los molinos de viento, en Ocón también se percataron del atractivo de estas construcciones. Y sobre uno de estos molinos comienza esta historia que ayer vivió uno de sus momentos culminantes.
La III Fiesta de la Molienda congregó ayer en Ocón a más de 4.500 personas. «Cada vez viene más gente, el año pasado llegamos a los 3.000 y en esta ocasión la cifra se ha superado con creces», explicaba el teniente alcalde de Ocón, Fernando Simón, sobre una cita que ya se ha hecho un hueco en el calendario veraniego de la comunidad.
Palabras como 'zoqueta', 'gallega' o 'garrotillo' volvieron a resonar en los campos de trigo de la localidad. Una demostración de siega tradicional fue el motivo. Ángel, casi 40 años después, volvió a rememorar sus tiempos de segador. «Entonces no había otra cosa, empezábamos al amanecer y estábamos en el campo hasta que se hacía de noche», comentaba. Junto a él se encontraba Luis, otro veterano en estas lides. «Cuando el trigo ya estaba cortado se ataba utilizando una paja larga de centeno que había que mojar para que no se rompiese, y a la que llamábamos 'vencejo'», comentaba con alegría, al rememorar épocas pasadas.
Y una vez realizada esta labor quedaba trasladar los 'haces' hasta la trilladora. Ayer en Ocón esta tarea correspondió a una máquina del año 1923, que Valentín Sáenz de Santiago compró el año pasado por 3.000 euros y que se ha encargado de restaurar. «Ha sido un trabajo complicado ya que he tenido que realizar una labor ingente para encontrar las piezas originales», matizaba este albeldense.
Un mercado de productos artesanales, degustaciones de chanpiñón, sardinas con guindilla, setas o pan con tumaca, todo ello amenizado con música y folclore popular, se convirtieron en otros de los atractivos. Una jornada en la que los gigantes de Don Quijote tampoco faltaron a la cita, aunque esta vez se quedaron a buen recaudo a la sobra del molino de viento.
La III Fiesta de la Molienda congregó ayer en Ocón a más de 4.500 personas. «Cada vez viene más gente, el año pasado llegamos a los 3.000 y en esta ocasión la cifra se ha superado con creces», explicaba el teniente alcalde de Ocón, Fernando Simón, sobre una cita que ya se ha hecho un hueco en el calendario veraniego de la comunidad.
Palabras como 'zoqueta', 'gallega' o 'garrotillo' volvieron a resonar en los campos de trigo de la localidad. Una demostración de siega tradicional fue el motivo. Ángel, casi 40 años después, volvió a rememorar sus tiempos de segador. «Entonces no había otra cosa, empezábamos al amanecer y estábamos en el campo hasta que se hacía de noche», comentaba. Junto a él se encontraba Luis, otro veterano en estas lides. «Cuando el trigo ya estaba cortado se ataba utilizando una paja larga de centeno que había que mojar para que no se rompiese, y a la que llamábamos 'vencejo'», comentaba con alegría, al rememorar épocas pasadas.
Y una vez realizada esta labor quedaba trasladar los 'haces' hasta la trilladora. Ayer en Ocón esta tarea correspondió a una máquina del año 1923, que Valentín Sáenz de Santiago compró el año pasado por 3.000 euros y que se ha encargado de restaurar. «Ha sido un trabajo complicado ya que he tenido que realizar una labor ingente para encontrar las piezas originales», matizaba este albeldense.
Un mercado de productos artesanales, degustaciones de chanpiñón, sardinas con guindilla, setas o pan con tumaca, todo ello amenizado con música y folclore popular, se convirtieron en otros de los atractivos. Una jornada en la que los gigantes de Don Quijote tampoco faltaron a la cita, aunque esta vez se quedaron a buen recaudo a la sobra del molino de viento.











