RIOJANO DE ADOPCIÓN
El cuerpo de Hicham aún estaba ayer en las instalaciones del tanatorio San José, de Logroño. Allí comenzaron a llegar a mediodía algunos de los amigos del joven marroquí y de la extensa familia de éste, que se encuentra asentada en La Rioja desde hace más de 15 años. Más tarde lo hizo el padre, Larbi, recién llegado de Tánger, donde se encontraba disfrutando de sus vacaciones junto a gran parte de la familia. Le acompañaba Othman, hermano del fallecido. Inmediatamente ambos comenzaron a recibir sentidos abrazos y condolencias.
Othman era el único miembro de la familia que se encontraba en La Rioja cuando Hicham, de 27 años, tuvo el accidente. Habla de «una especie de presentimiento» como única manera de explicarse la extraña preocupación por su hermano que sintió durante toda aquella fatal madrugada. «Le llamé sobre las dos. No sé porqué. Sólo quería saber lo que estaba haciendo». Hicham le contó entonces que tenía pensado pasar toda la noche divirtiéndose por Logroño y tal vez acercarse a las fiestas de Murillo a desayunar. Volvió a telefonearle a las once de la mañana para preguntarle qué tal había ido todo. Le contestó un agente de la Guardia Civil de Tráfico, quien con frialdad burocrática - según cuenta Othman- le explicó que su hermano había fallecido.
Consternado por la dramática noticia, tuvo que sacar fuerzas para comunicar con Marruecos y avisar de lo sucedido al resto de la familia. Habló con su padre, incrédulo y abatido al otro lado de la línea. «Nunca se me olvidarán los gritos que escuché de fondo. Eran los de mi hermana pequeña, de 9 años», relata Othman
Hicham El Manqouchy era el tercero de siete hermanos. Alguno de los cuales, los más pequeños, son riojanos de nacimiento. La familia El Manqouchy se instaló en Murillo a principios de los años 90 y allí encontró trabajo y residencia antes de trasladarse a Logroño hace seis años.












