
Es más, la espeleología es una ciencia en la que se hallan implicadas varias otras: la formación y las características de las cavidades interesan a los geólogos; los cursos subterráneos de agua, a los hidrólogos; la fauna (más variada y numerosa de lo que se cree), a los zoólogos; los vestigios del hombre prehistórico, a los prehistoriadores; y los fósiles de animales, a los paleontólogos, etcétera.
Aunque ciencia en origen, no puede de ningún modo dejar de considerarse deporte, pues el científico que pretenda estudiar el mundo subterráneo se verá obligado a ser deportista para superar el exigente esfuerzo que la progresión en dicho medio le demanda, así como el dominio de los aparatos y técnicas que le sirven para moverse bajo tierra.
Del mismo modo, el espeleólogo que simplemente por deporte se introduce en una cueva, acaba sintiendo por ella curiosidad más allá de la simple práctica deportiva: interés por su geología... (estalactitas, estalagmitas en cavidades de origen kárstico; estafilitos, cornisas en cavidades de origen volcánico); por su biología (existen formas de vida con distinta adaptación al medio subterráneo, desde seres que simplemente entran en las cavidades para cumplir determinados ciclos biológicos -como por ejemplo los murciélagos para criar- u otros que están totalmente adaptados a la vida bajo tierra y morirían fuera de ese hábitat.
La espeleología ofrece multitud de atractivos, tanto lúdicos como científicos a diversos niveles, lo que hace de ella una actividad muy completa. Pero también entraña riesgos que no conviene despreciar. Por eso hay que practicarla siempre con expertos.





