Tras aquel primitivo 600, Sanz se hizo con otro, que tuvo «hasta hace cuatro o cinco años». Tuvo que cambiarlo porque necesitaba otro coche para llevar a su hija a Pamplona. Pero más recientemente no se resistió a la tentación de adquirir su tercer 600, que ha ido montando y reconstruido prácticamente entero, «con piezas originales que he ido buscando». «Es un capricho, un coche que te recuerda el pasado, pero que sigue siendo muy utilitario», advierte. Su actual coche, el único que ahora tiene, data de 1969, y lo utiliza en su tiempo libre, «fundamentalmente para subir a Villamediana con mi mujer, aunque no le gusta mucho».
«Es una gozada conducirlo», reconoce, aunque también admite que tiene algo de capricho y bastante de nostalgia. «La verdad es que es un tipo de coche que no tiene nada que ver con los modernos». Todo lo contrario de lo que sucedía con el primero que tuvo, muy adecuado para aquella época: se utilizaba para fardar delante de las chicas de la época, aunque Sanz incluso lo usó para su actividad profesional, cuando tenía el destino docente lejos de casa. ¿Alguna anécdota? El presidente recuerda con una sonrisa que aquellos primeros 600 no eran los más adecuados para que entraran en él mujeres con faldas. «Por eso rápidamente se cambió la puerta, porque al principio todo el mundo iba a ver cómo entraba la mujer, a ver si le veían algo».





