
María José Pinillos, vocal del Colegio y responsable de este servicio, matiza que estos datos suponen sólo la punta del iceberg de una situación muy extendida. «Hay muchísimas más amenazas», aclara, «pero en muchas ocasiones los profesionales no las hacen constar porque se trata 'sólo' de insultos», explica.
Además de animar a sus asociados a comunicar estas situaciones -«sólo así es posible actuar preventivamente y tener un punto de partida para tomar otro tipo de medidas»- el Colegio ha optado por facilitar la asistencia jurídica a los médicos que decidan denunciar su caso ante los tribunales. Desde agosto del pasado año, la institución costea la asistencia legal como una forma de hacer aflorar y atajar las agresiones más graves.
Puntos conflictivos
El análisis de los casos registrados en La Rioja revela que los puntos más conflictivos son las unidades de Urgencias y Psiquiatría y las asistencias domiciliarias. La experiencia indica que tanto la complejidad de los servicios por los tiempos de espera o el tipo de paciente como la desprotección de los profesionales abonan esta desagradable coyuntura.
Los médicos no son los únicos que padecen esta situación. Enfermeras, auxiliares, celadores y personal administrativo son también objetivo habitual de usuarios descontentos o, simplemente, malhumorados por lo que consideran una atención deficiente.
Desde el Colegio Oficial de Diplomados de Enfermería de La Rioja, su presidente Pedro José Vidal, ratifica el diagnóstico y apunta que en su área hay registradas en un año siete denuncias por estas causas. «Uno de cada cuatro casos de violencia en el ámbito laboral se da en el sector sanitario», recuerda. Muchos las han sufrido, pero casi nadie se anima a revelarlos en público. Aunque las agresiones verbales y físicas están a la orden del día, los afectos se muestran renuentes a detallarlas. Unas veces por temor a nuevas represalias; otras por simple hartazgo.
En ese contexto, el registro del Colegio de Médicos, donde se facilitan impresos en los que dejar constancia de cada caso, ejerce como el canal más fiel para pulsar el alcance y la dimensión de estas agresiones. No hay que rastrear demasiado para encontrar ejemplos de amenazas contundentes. «Atiendes inmediatamente a mi hermana o te mato; no volverás a comer nunca más y yo en cinco años estaré en la calle», profirió el acompañante de una paciente en Urgencias. «No tienes nada de profesional y no te mereces el sueldo que cobras; deberías estar limpiando en la cocina», espetó otro usuario del SERIS al personal que le atendió. «Eres un chulo y te voy a demandar», aseguró un hombre que acudió al servicio de atención continuada y consideró que el doctor no le había atendido correctamente.
El listado es tan extenso como detallado e incluye todo tipo de ataques. El más grave, el que en verano del pasado año derivó en un episodio de violencia física a un facultativo que fue a cubrir una asistencia domiciliaria.
Los primeros puestos del 'ranking' de estos actos están ocupados por usuarios que advierten bruscamente a los facultativos que van a demandarles. Pero hay más. Gritos, menosprecios, insultos y conductas agresivas en las que no pocas veces deben mediar los agentes de seguridad pueblan un registro que busca prevenir este tipo de actuaciones y dar un paso para erradicarlas.












