MUNDO
Bush prohíbe aplicar técnicas de tortura a acusados de terrorismo
El presidente estadounidense firma una orden que obliga a la CIA a cumplir la Convención de Ginebra en el interrogatorio a prisioneros de guerra

Bush saluda a un grupo de ciudadanos mientras camina hacia su helicóptero en la Casa Blanca. / EFE
El presidente estadounidense George W. Bush suscribió ayer un decreto por el cual prohíbe el empleo de torturas contra presuntos terroristas que se encuentren en detención o bajo los programas de interrogatorio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA).
Según el decreto que difundió la Casa Blanca, el programa de prisiones secretas cuya existencia reconoció Bush en septiembre del 2006 debe ajustarse de ahora en adelante al Artículo 3, común a las cuatro Convenciones de Ginebra sobre el trato de prisioneros de guerra. «Declaro que el Artículo 3 debe ser aplicado a un programa de detención y de interrogatorio manejado por la Agencia Central de Inteligencia», indicó Bush en el decreto.
En septiembre del 2006, Bush aseguró que nadie había sido torturado en las prisiones secretas de la CIA. Seis meses antes también había declarado: «Ningún estadounidense será autorizado a torturar a otro ser humano en ningún lugar del mundo».
En otro comunicado, el portavoz de la Casa Blanca Tony Snow señaló ayer que la orden prohíbe «el trato o castigo cruel, inhumano o degradante y los actos de violencia lo suficientemente serios para ser considerados comparables al asesinato, la tortura, la mutilación y el trato cruel e inhumano».
También prohíbe «actos intencionados y aberrantes de abuso personal hechos con el propósito de humillar o degradar al individuo de una manera tan seria que cualquier persona razonable, tomando en cuenta las circunstancias, los juzgaría más allá de los límites de la decencia humana. Y la orden prohíbe actos dirigidos a denigrar la religión, las prácticas religiosas o los objetos religiosos de los detenidos», precisó Snow en la nota.
El director de la CIA Michael Hayden señaló a los funcionarios de la agencia en un comunicado que la orden era necesaria para asegurar que las detenciones y los interrogatorios se ajusten a las recientes regulaciones de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos.
Claridad legal
Hayden se hizo eco de la frecuente afirmación de la Casa Blanca de que el artículo 3 «contiene un vago lenguaje que ha sido sujeto a una variedad de interpretaciones, no sólo en Estados Unidos sino internacionalmente». Pero el decreto de Bush «nos da la claridad legal que hemos buscado. Les da a nuestros funcionarios la seguridad de que pueden conducir su tarea esencial siguiendo las leyes de Estados Unidos», dijo Hayden.
«Cualquier detención terrorista y esfuerzo de interrogatorio de la CIA cumplirá, desde luego, con esos criterios», precisó Hayden en un comunicado, donde no se muestra arrepentimiento por las prácticas de interrogatorio del pasado que los críticos han calificado de tortura.
Según el decreto que difundió la Casa Blanca, el programa de prisiones secretas cuya existencia reconoció Bush en septiembre del 2006 debe ajustarse de ahora en adelante al Artículo 3, común a las cuatro Convenciones de Ginebra sobre el trato de prisioneros de guerra. «Declaro que el Artículo 3 debe ser aplicado a un programa de detención y de interrogatorio manejado por la Agencia Central de Inteligencia», indicó Bush en el decreto.
En septiembre del 2006, Bush aseguró que nadie había sido torturado en las prisiones secretas de la CIA. Seis meses antes también había declarado: «Ningún estadounidense será autorizado a torturar a otro ser humano en ningún lugar del mundo».
En otro comunicado, el portavoz de la Casa Blanca Tony Snow señaló ayer que la orden prohíbe «el trato o castigo cruel, inhumano o degradante y los actos de violencia lo suficientemente serios para ser considerados comparables al asesinato, la tortura, la mutilación y el trato cruel e inhumano».
También prohíbe «actos intencionados y aberrantes de abuso personal hechos con el propósito de humillar o degradar al individuo de una manera tan seria que cualquier persona razonable, tomando en cuenta las circunstancias, los juzgaría más allá de los límites de la decencia humana. Y la orden prohíbe actos dirigidos a denigrar la religión, las prácticas religiosas o los objetos religiosos de los detenidos», precisó Snow en la nota.
El director de la CIA Michael Hayden señaló a los funcionarios de la agencia en un comunicado que la orden era necesaria para asegurar que las detenciones y los interrogatorios se ajusten a las recientes regulaciones de la Corte Suprema de Justicia de Estados Unidos.
Claridad legal
Hayden se hizo eco de la frecuente afirmación de la Casa Blanca de que el artículo 3 «contiene un vago lenguaje que ha sido sujeto a una variedad de interpretaciones, no sólo en Estados Unidos sino internacionalmente». Pero el decreto de Bush «nos da la claridad legal que hemos buscado. Les da a nuestros funcionarios la seguridad de que pueden conducir su tarea esencial siguiendo las leyes de Estados Unidos», dijo Hayden.
«Cualquier detención terrorista y esfuerzo de interrogatorio de la CIA cumplirá, desde luego, con esos criterios», precisó Hayden en un comunicado, donde no se muestra arrepentimiento por las prácticas de interrogatorio del pasado que los críticos han calificado de tortura.











