HISTORIA DEL PARQUE
El equipo de Gobierno municipal estudia ahora qué proyecto puede encajar en el interior de los depósitos. Según avanzó Ángel Varea, la zona cuenta con las características necesarias para crear un parque botánico «aunque luego sería difícil adaptar la estructura para conseguir el microclima necesario». En la caseta situada cerca de los depósitos, el Consistorio baraja ubicar una sala de exposiciones.
Tania Silvestrini explicó que ciudades como Pamplona, Madrid (en el canal de Isabel II) o Toulouse han sabido convertir su antiguo patrimonio industrial en modernos espacios de cultura y esparcimiento. El 24 de junio, Silvestrini denunció en Diario LA RIOJA el mal estado de la zona. Los depósitos, una obra que data de 1889, estaban siendo rellenados con arena por los constructores de una obra cercana para evitar que alguien pudiera caer en ellos. Pero esta acción implicaba, a la vez, el progresivo deterioro de las instalaciones. A juicio de la arquitecta, se trata de una valiosa muestra del «patrimonio industrial de Logroño» que debía ser recuperada.
Los depósitos del Parque de los Enamorados fueron el primer proyecto de traída de agua a Logroño. El agua era captada en el río Iregua, a su paso por Alberite, desde donde se distribuía por la ciudad. La red de distribución abarcaba las calles San Juan, Colegio (Hermanos Moroy), San Agustín, calle del Mercado (Portales), Mayor, Ruavieja, Barriocepo, Muro del Carmen, Muro del Siete, Coso, Hospital (Avenida de Viana), San Isidro, calle San Bartolomé, Herrerías, Compañía (Capitán Gallarza), plaza de San Bartolomé, Mercaderes, San Blas y plaza de la Imprenta (Martínez Zaporta). El 'indulto' concedido a los depósitos de agua del Parque de los Enamorados premia el esfuerzo de la arquitecta Tania Silvestrini, que denunció la deteriorada situación de una obra civil impulsada por Amós Salvador en el siglo XIX. «Se trata de un lugar especial de Logroño tanto por su valor paisajístico como por el valor artístico y estético de las instalaciones», señaló ayer Silvestrini.
«En muchos lugares», recordó la arquitecta, «el patrimonio industrial se está salvando porque su reconversión en un lugar agradable es fácil».





